lunes, 22 de agosto de 2016

Predicar con el ejemplo... y de viva voz


"¿Dónde está el sabio? ¿Dónde está el escriba? ¿Dónde está el disputador de este siglo? ¿No ha enloquecido Dios la sabiduría del mundo? Pues ya que en la sabiduría de Dios, el mundo no conoció a Dios mediante la sabiduría, agradó a Dios salvar a los creyentes por la locura de la predicación" (1 Corintios 1:20, 21).

Nunca nadie se ha salvado por ver a un cristiano portarse bien, ser honesto, buena persona y ser obediente, sino por escuchar el mensaje bíblico de salvación, ser movido por el Espíritu Santo al arrepentimiento por sus pecados y a poner su fe en Cristo Jesús: su persona, su obra de redención y su resurrección.

Y es así porque fue Dios mismo quien lo estableció: "Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios" (Romanos 10:17) y "Pues ya que en la sabiduría de Dios, el mundo no conoció a Dios mediante la sabiduría, agradó a Dios salvar a los creyentes por la locura de la predicación" (1 Corintios 1:21).

Por ello, nos corresponde vivir una vida que glorifique y honre a Dios y que respalde nuestras palabras cuando hablamos de Cristo a otros; ambas cosas, hablar de Cristo y vivir en santidad, son necesarias en nuestro cumplimiento de la Gran Comisión.

¿Viviremos, pues, para Cristo y llevaremos su mensaje de salvación a toda criatura?

Si somos verdaderamente cristianos, esta es una pregunta retórica solamente.

Meditemos en esto mientras ponemos manos a la obra.

domingo, 7 de agosto de 2016

El pez grande se come al chico


"No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos" (Gálatas 6:9).

Cuántas veces hemos oído que "el pez grande se come al chico". Y parece que eso se cumple cuando enfrentamos una injusticia en alguna negociación en nuestro trabajo o empresa: un patrón, un proveedor o un cliente nos ofreció ciertas condiciones laborales o comerciales en el pasado, y hoy se "desdice" de ellas o simplemente se niega a cumplirlas, y nosotros estamos en "desventaja" por ser "más pequeños" que ellos; somos el "pez chico".

Pero si nosotros hemos sido íntegros y hemos actuado justa y honestamente, no importará el resultado de dicha negociación —que alguien podría considerar una gran pérdida o derrota—, el Señor está en control, Él honra a quienes lo honran e incluso proveerá para solventar la pérdida material, si esta ocurriera.

Confiemos en nuestro Dios, honremos y demos gloria a su nombre a través de nuestro testimonio de integridad, y no nos cansemos de hacer bien.

sábado, 9 de abril de 2016

La blanca nieve



"Purifícame con hisopo, y seré limpio; Lávame, y seré más blanco que la nieve" (Sal 51:7).

Ayer nevó. Bueno, tanto como ser una nevada que haya cubierto la ciudad, no, no tanto. Sin embargo, para alguien que viene de la Ciudad de México en donde nunca nieva, fue todo un evento. Hoy por la mañana, pude ver el jardín de la casa donde nos hospedamos cubierto por una capa muy delgada de nieve. A pesar de no ser mucha, su blancura no era menos, y con los primeros rayos del sol, su presencia sobre los tejados y jardines no podía ser ignorada. Era un hermoso paisaje de contrastes: todo lugar en donde la nieve no alcanzó a cubrir se veía oscuro comparado con lo blanco de las pequeñas porciones en dónde la nieve cubría lo que fuera que había debajo.

Y ese contraste me hizo pensar en el contraste que un día pudo ser observado en mi corazón, ese del que habla el salmista: de ser uno oscuro, sucio, manchado por el pecado, a ser uno claro, limpio, lavado y emblanquecido por la sangre de Cristo, por su sacrificio en la cruz, por su muerte en mi lugar.

¡Qué hermosa figura la de la blacura de la nieve! Mi desobediencia a Dios, mis rebeliones todas fueron lavadas, borradas, todos mis pecados fueron perdonados y olvidados; Jesús me rescató de la condenación y me ha dado la vida eterna.

¿Has experimentado esa blacura en tu vida? ¿Sí? Comparte con otros cómo obtenerla. ¿No? Entonces escucha hoy lo que Dios quiere decirte:

"Venid luego, dice Jehová, y estemos a cuenta: si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana" (Is 1:18).

Te invito a leer "Falsamente seguros" y espero pronto puedas decir que conoces la blancura en tu vida: el perdón de tus pecados y la salvación en Cristo Jesús.

martes, 22 de diciembre de 2015

Gozo | "Porque un niño nos es nacido"


"Pero el ángel les dijo: No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo…" (Lucas 2:10).

Los magos iban siguiendo una estrella que vieron en el oriente. Esta estrella, dice la Palabra, iba delante de ellos, los dirigía hacia el lugar en donde habría nacido el Rey de los judíos, a quien buscaban para adorarle. Y cuando la estrella se detuvo, lo supieron: estarían en la presencia del Rey, y dice la Escritura que "se regocijaron con muy grande gozo" (Mt 2:9-10).

Más de treinta años después, sus discípulos vieron a Jesús, resucitado, ascendiendo a los cielos. Aquel pequeñito que tuvo que dormir en un pesebre cuando nació y de quien el ángel anunció que su llegada era una noticia de gran gozo; que había vivido una vida perfecta y puesto su vida en la cruz del calvario para salvación de aquellos que pondrían su fe en Él; que había resucitado al tercer día y que había aparecido a sus discípulos en varias ocasiones; Él, el Mesías, los bendijo, los comisionó y fue llevado al cielo. Y ellos, los discípulos presentes en ese momento, le adoraron y volvieron a Jerusalén, nos dice Lucas, "con gran gozo" (Lc 24:52-53).

Y para todos aquellos que a lo largo de la historia han puesto su fe en el niño de Belén, la llegada de Él al mundo es de la mayor importancia:

¡Es el motivo del más grande gozo que puede experimentar cualquier ser humano!



[ Lectura recomendada: Is 53; Mt 2:1-10; Lc 24:34-53 ]

domingo, 20 de diciembre de 2015

Paz | "Porque un niño nos es nacido"


"Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz" (Isa 9:6).

Cuando las huestes celestiales aparecieron aquella noche en la misma región en donde nació el Salvador, dice el Evangelio de Lucas que "alababan a Dios" diciendo: "¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres!" (Lc 2:12-14). Y, ¿acaso se estableció la paz entre todas las naciones y los hombres en ese día? La respuesta, a dos mil años de distancia, es un claro "no". ¿Qué clase de paz trajo el Mesías entonces?

Jesús vino a hacer posible que el hombre estuviera en paz con Dios, pero solo por medio de la fe en Su persona y su obra redentora. Y aquel que pone su fe en Cristo, tiene acceso a una tranquilidad y seguridad que solo Él puede dar y que va más allá de la comprensión del ser humano (Flp 4:7). El Mesías trajo esperanza al mundo, la esperanza de poder estar en paz con el Creador y de gozar de la vida eterna:

¡Jesús trajo esa paz a la tierra!



Lectura recomendada: Lc 2:1-14; Miqueas 5:2; Is 9:6-7

miércoles, 9 de diciembre de 2015

Esperanza | "Porque un niño nos es nacido"


"Pues éste es aquel de quien habló el profeta Isaías, cuando dijo: Voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor, Enderezad sus sendas" (Mat 3:3).

Juan el Bautista preparaba a los hombres y mujeres para recibir al Mesías, como aquel que, en la costumbre oriental, era enviado para allanar los caminos que el rey recorrería en la ruta establecida en su itinerario.

Esta profecía que se cumplía en Juan, brindaba la certeza del cumplimiento de la Palabra de Dios (y sabemos que siempre ha sido ciertísimo que Él cumple lo que dice) y daba la esperanza del cumplimiento de aquella hermosa y tan esperada promesa, escuchada desde el Edén (Gn 3:15) y reiterada a través de toda la Escritura:

¡El Mesías vendría al mundo para buscar y salvar lo que se había perdido!


Lectura: Isaías 9:6-7; 11:1-10

viernes, 10 de julio de 2015

Refrenarla: esa es la orden


Cuando hablemos, no importa si es en plática entre hermanos, al frente de una clase o desde el púlpito, haremos bien en recordar algunas cosas que la Santa Biblia dice respecto de la lengua:

"La lengua apacible es árbol de vida; Mas la perversidad de ella es quebrantamiento de espíritu" (Prov 15:4).

"Así también la lengua es un miembro pequeño, pero se jacta de grandes cosas. He aquí, ¡cuán grande bosque enciende un pequeño fuego! Y la lengua es un fuego, un mundo de maldad. La lengua está puesta entre nuestros miembros, y contamina todo el cuerpo, e inflama la rueda de la creación, y ella misma es inflamada por el infierno" (Stg 3:5-6).

"Porque: El que quiere amar la vida Y ver días buenos, Refrene su lengua de mal, Y sus labios no hablen engaño" (1 Pedro 3:10).

"Refrenarla" es la orden, busquemos obedecer cada que abramos la boca; Jehová Dios escucha cada palabra que pronunciamos y conoce cada pensamiento y motivo detrás de ella.

¡Honremos a nuestro Padre con nuestro hablar!

miércoles, 28 de enero de 2015

Serpientes y Escaleras


En ocasiones, la vida es como el juego de mesa de "Serpientes y Escaleras". Justo cuando esperas caer en la casilla donde inicia una escalera que te lleve al final del trayecto, resulta que caes en la cola de la serpiente y debes regresar al inicio de la jornada.

Nunca el camino es llano, pero siempre podemos confiar en que Jehová Dios va delante de nosotros y que todo será para bien si somos de los que le aman en verdad (Rom 8:28). Es en momentos así, que las palabras del salmista resuenan en mi corazón y me dan aliento:

"Jehová, roca mía y castillo mío, y mi libertador; Dios mío, fortaleza mía, en él confiaré; Mi escudo, y la fuerza de mi salvación, mi alto refugio" (Sal. 18:2).

miércoles, 14 de enero de 2015

Paciencia y bondad


"Con larga paciencia se aplaca el príncipe, Y la lengua blanda quebranta los huesos" (Proverbios 25:15).

Actuar con paciencia y bondad. Aunque es un consejo para todo cristiano, en particular debería ser observado por aquellos en autoridad o liderazgo en la iglesia (y en la familia). Nada sencillo pero muy necesario como parte de la mansedumbre que debe evidenciarse en nuestro carácter.

jueves, 25 de septiembre de 2014

Ser uno solo, y en la misma dirección


"No os unáis en yugo desigual con los incrédulos; porque ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas?" (2 Corintios 6:14).

Dios creó el matrimonio y por ende, la familia. En el corazón de Dios, la mujer es la ayuda idónea para el hombre, es un cuadro o figura de la iglesia y el hombre es la cabeza del matrimonio; es aquel que pone su vida por su esposa, así como Cristo puso su vida por la iglesia. Ambos roles no son simples ni sencillos, pero al haberlos establecido Dios, son preceptos que nos proveen de protección y nos dan bendición. Bajo la óptica humana, los mandamientos de Dios son restrictivos y limitantes, pero bajo la óptica divina y la experiencia cristiana, todo precepto o mandato de Dios nos brinda protección de consecuencias adversas y nos proporciona bendición.

El matrimonio es, en mi propia experiencia y en la de todo cristiano que ha buscado hacer la voluntad de Dios en el suyo propio, ¡el estado perfecto del hombre y de la mujer! Excepto para aquellos que han recibido el don de la continencia. Pero la experiencia del matrimonio bajo la bendición divina, con Cristo como centro de la relación, es algo que me gustaría que todo joven cristiano pudiera llegar a vivir, disfrutar, atesorar.

Dios dijo que el hombre “dejará a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne” (Gén 2:24) y se refiere en parte a la unión sexual, pues en esta se da una unión sentimental y emocional además de física, pero también hace alusión a que deberán llegar a mirarse como una extensión uno del otro y no necesariamente como personas con los mismos gustos y las mismas preferencias como si uno fuera el "clon" del otro. Las diferencias entre ambos, lejos de minar y gastar la relación, la enriquecerán. Dios desea que en el matrimonio haya unidad pues en Él hay unidad (un solo Dios en tres personas) y esta unidad es posible en Cristo.

Este “ser una sola carne” se llega a consumar en su totalidad, tal como Dios lo ha previsto, únicamente en los matrimonios en que ambos cónyuges, caminan hacia el mismo destino por el mismo camino (2 Corintios 6:14): hacia ser conformados a la imagen de Cristo caminando por el camino angosto.


Adaptado del artículo "Sexo, pudor y lágrimas (1): Evitando lágrimas de más" por David Franco; blog Dejado en el Tintero, 19 de abril de 2011.